Espíritu, alma y cuerpo
Una visión tridimensional de la persona que delimita con precisión dónde actúa lo espiritual, lo clínico y lo médico.
“Que todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible” — 1 Tesalonicenses 5:23
Espíritu
El núcleo de tu relación directa con Dios.
Se transforma y regenera por la acción del Espíritu Santo y las disciplinas espirituales: oración, ayuno y estudio de la Palabra. No es terreno de la técnica clínica, sino de la gracia.
Alma
El asiento de la mente, las emociones y la voluntad.
Aquí actúa la psicología clínica: sanar heridas del pasado, procesar traumas y reordenar conductas desadaptativas. Es el campo propio de la terapia.
Cuerpo
La dimensión somática y orgánica del ser humano.
Ante desequilibrios biológicos requiere intervención médica o psiquiátrica. Reconocerlo nos evita espiritualizar lo que en realidad es clínico.
Reestructuración cognitiva a la luz de la Palabra
Adaptamos la Terapia Cognitivo-Conductual a la cosmovisión cristiana. Un pensamiento de desvalorización se confronta y reestructura con versículos que afirman tu identidad y valor ante Dios.
Identificar
Detectamos pensamientos distorsionados: mentiras y esquemas de rechazo originados en la infancia o por influencias adversas.
Confrontar
Confrontamos esos esquemas con honestidad, sin justificarlos ni negar la realidad que causaron.
Reemplazar
Los sustituimos por las verdades doctrinales de las Escrituras que afirman tu identidad y tu valor ante Dios.
Iglesia y clínica, de la mano
Para el líder eclesiástico
Deriva a terapia a quienes enfrentan problemáticas que exceden el plano espiritual y entran en el ámbito de la psique. Acompañar y derivar no es rendirse: es cuidar de forma integral.
Para el profesional de la salud
Respeta la soberanía de la teología sobre el espíritu, sin espiritualizar el trauma ni psicologizar el pecado. La técnica se pone al servicio de la persona completa.